martes, 25 de agosto de 2020

Sesión 7: Lenguaje y cerebro

 


Hasta ahora hemos visto cómo adquirimos el lenguaje y las características que diferencian nuestra forma de comunicación con la de los animales. En esta ocasión aprenderemos un poco sobre la forma en que se produce el lenguaje, y como podrás suponer por el título de este artículo, todo toma lugar en el cerebro.
Dentro de la lingüística existe la rama de la neurolingüística, la cual se dedica al estudio de las estructuras cerebrales que una persona debe poseer para procesar y comprender la lengua[1], es decir investiga cómo es que el cerebro puede convertir ondas de sonido en ideas y conceptos.

La historia de la neurolingüística es aún más reciente que la de la lingüística, en gran parte porque no fue sino hasta hace relativamente poco que se desarrollaron máquinas y técnicas que nos permiten estudiar el cerebro de la manera que necesitamos, es decir, con personas vivas y que sean capaces (o incapaces) de utilizar el lenguaje.

El cerebro se conforma por alrededor de diez millones de neuronas conectadas por miles de millones de fibras. A través de estas neuronas fluyen corrientes eléctricas que generan una sinapsis, una conexión entre neuritas y dendritas que se convierte en toda clase de reacciones, desde movimientos hasta la pensamientos complejos. El cerebro humano, además, se divide en dos hemisferios (izquierdo y derecho), que, como se ha descubierto en las últimas décadas, tienen funciones muy diferentes y complementarias, es decir, las funciones más especializadas del cerebro se encuentran lateralizadas y se encuentran principalmente en uno de los hemisferios.

La parte rugosa del cerebro se llama córtex, y es aquí dónde tienen lugar las funciones más complejas y especializadas que el ser humano puede lograr, entre ellas, por supuesto, se encuentra el uso del lenguaje.

Uno de los investigadores del cerebro humano que más influencia ha tenido en la neurolingüística es el francés Paul Broca, quien identificó que es el lado izquierdo del cerebro el que se encarga de las funciones del lenguaje al descubrir que las lesiones en esta parte del cerebro provocaban problemas en el uso y procesamiento del lenguaje.

Después de estudiar el cerebro de un paciente fallecido que tenía problemas para articular más de una palabra por vez, Broca descubrió una lesión en el lóbulo frontal del hemisferio izquierdo. Esta zona es la encargada de la producción del habla y en honor a su descubridor, se nombró como 'área de Broca'.

Las personas que sufren lesiones en esta región del cerebro presentan diferentes tipos de afasias -trastornos del lenguaje-, todas ellas relacionadas con la producción del lenguaje, es decir, son capaces de comprender el lenguaje, pero tienen problemas para utilizarlo. Sin embargo, pronto se descubrió que también existían personas que podían utilizar el lenguaje, pero tenían problemas para procesarlo. Quién descubrió esto fue el alemán Karl Wernicke a finales del siglo XIX

Wernicke localizó esta clase de problemas denominados posteriormente afasias de Wernicke y las ubicó en la porción trasera del hemisferio izquierdo -zona que se nombró posteriormente como área de Wenicke. Las personas que sufren una de estas afasias suelen tener dificultad para comprender oraciones, pero no para producirlas. Así, es común en estos pacientes el cometer errores semánticos y léxicos sin siquiera darse cuenta de ello.

Las afasias anómicas son otro tipo de trastornos del lenguaje, en ellas los pacientes no pierden el uso ni la comprensión del lenguaje, sin embargo, ocasionalmente olvidan palabras y las sustituyen por otras, por gestos o por oraciones complicadas.

El área de Broca y el área de Wernicke son las encargadas de la producción y comprensión del lenguaje respectivamente, sin embargo, ellas por sí mismas no nos permiten la comunicación. Existen dos elementos más que se derivan en la construcción del lenguaje. El primero de ellos es el fascículo arqueado. Este conjunto de fibras nerviosas también fue descubierto por Wernicke y tiene la función de conectar ambas áreas.

La última parte del cerebro que hay que tener en cuenta es el córtex motor. Esta zona es la encargada de mover los músculos de la cara, la mandíbula, la lengua y la laringe para permitirnos convertir los estímulos eléctricos de las neuronas en movimientos físicos que se transforman en palabras.

Bibliografía:

[1] Hualde, J. I., Olarrea, A., & Escobar, A. M. (2001). Introducción a la lingüística hispánica. p.31.

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