El español es una de las lenguas más habladas en todo el mundo, especialmente en América, dónde ha logrado ganarse un lugar importante incluso dentro de Estados Unidos, nación principalmente de habla inglesa, pero donde el español poco a poco se vuelve parte del día a día. En este resumen revisaremos un poco sobre la historia del español.
Para hablar de la historia del
español es necesario retroceder hasta la antigua Roma, dónde se hablaba latín,
una lengua que con el tiempo se convertiría en la más influyente de toda la
historia de la humanidad.
Alrededor del siglo VIII a.C. en Roma, en la Península Itálica, se hablaba latín, y en las zonas cercanas se utilizaban lenguas como el osco, el umbro, el venético o el falisco. A este conjunto de lenguas se les conoce como lenguas itálicas, debido a su posición geográfica. Las lenguas itálicas, a su vez, pertenecen a un conjunto más grande: las lenguas indoeuropeas.
Roma,
donde se hablaba el latín, fue ganando cada vez más poder y expandiéndose por
toda la península, y con el poderío militar también se expandía el propio
latín, imponiéndose sobre el resto de las lenguas y llevándolas a la extinción.
Durante la época del Imperio Romano, el latín se convirtió en la lengua que se
hablaba en casi toda la Península Itálica, así como en la Península Hispánica,
donde extinguió lenguas como el osco, el umbro, el ibero y el etrusco, de
hecho, solo una lengua sobrevivió a la expansión del latín: la lengua vasca que
hoy en día se sigue hablando.
Por
supuesto, que los hablantes de una lengua repentinamente aprendieran y
adoptaran otra no fue algo fácil, por lo que existían situaciones de lo más
peculiares. Por ejemplo, en el caso del ibero, la lengua no consideraba a las
oclusivas como elementos individuales, sino que cada una de ellas tenía que
tener símbolos para cada combinación posible con las cinco vocales, al llegar
el latín, algunas palabras cambiaron y se adaptaron a la escritura ibérica, de
esta manera, en lugar de escribir ‘Contrebia’, escribían ko-n-te-re-bi-a o ko-n-te-r-bi-a.
En el caso
del vasco y el ibero ocurren cambios similares. El vasco antiguo no contaba con
grupos de oclusivas más líquidas, por lo que se realizaron adaptaciones para
evitarlos, y así libru (libro) se
convirtió en liburu, y floore (flor) se convirtió en lore.
Estos
cambios, aunque mínimos derivaron en cambios más grandes en la fonética y
morfología del latín hasta convertirse en lenguas propias. Este fenómeno no es
inusual, forma parte dela evolución del lenguaje y, de hecho, el latín y las otras
lenguas itálicas pasaron por el mismo proceso en su momento.
Durante el
siglo XIX se logró demostrar que casi todas las lenguas de Europa, así como
algunas de Irán y de India comparten grandes rasgos lingüísticos pues tienen un
ancestro común el cual es llamado protoindoeuropeo
y del cual no existe ningún registro escrito, de ahí el prefijo –proto.
El
protoindoeuropeo fue una lengua hablada hace alrededor de 6 mil años en algún
lugar entre Europa y Asia, y al igual que hizo el latín siglos más tarde, se
expandió y llegó a toda Europa occidental y a India, diversificándose y
adquiriendo cambios lingüísticos hasta convertirse en lenguas propias.
Del
protoindoeuropeo surgieron lenguas como el armenio, el tocario, el albanés y el
griego, pero también familias completas como las lenguas germánicas (alemán,
inglés, islandés, noruego, etc.), las lenguas célticas (irlandés, galés,
celtíbero, etc.), las lenguas balto-eslávicas (letón, ruso, checho, etc.), las
lenguas indo-iranias (urdu, bengalí, persa, etc.), y por supuesto, las lenguas
itálicas (osco, umbro, latín).
Pero
volvamos a la historia del español. El Imperio Romano había unificado a buena
parte de Europa, pero cuando desapareció, ocurrió lo que conocemos como un continuum dialectal, es decir, cuando la
forma de hablar cambia de manera progresiva (pero no brusca) en el territorio,
de forma que el habla tradicional cambia según el territorio geográfico, y
estos cambios terminan siendo muy grandes al comparar el habla del extremo
norte de un país con la del extremo sur.
En España
se formaron diversos dialectos mezclados con otras lenguas en el extremo norte,
sin embargo, en el sur y derivado de la dominación árabe de la Península
Ibérica, la lengua predominante fue el mozárabe, el cual dio paso al árabe
durante varios siglos. De hecho, del árabe hemos adquirido muchas palabras,
como productos naturales (alcachofa, zanahoria, aceite), alimentos (albóndiga,
jarabe, azafrán), artículos domésticos (almohada, alcoba, alfiler), y de
organización civil y militar (albañil, aduana, almacén, aldea), entre muchos
otros.
Todo
cambió cuando los reinos cristianos del norte comenzaron a ganar terreno, y con
ellos, el gallego-portugués, el catalán y el castellano, este último logró diversificarse al verse en
contacto con otras lenguas y expandiéndose por todo el territorio.
Eventualmente se convirtió en la lengua popular, la más hablada en la Península
Ibérica y adoptó finalmente el nombre de
español.
Aunque el
español es la lengua oficial de España hoy en día, en aquella nación también se
hablan otras lenguas que perduraron el paso del tiempo, como el gallego, el
asturiano-leonés, el vasco, aragonés, catalán y aranés.
Siglos más
tarde, los europeos llegaron a América y el lenguaje de Castilla se extendió
por todo el continente, por supuesto, adoptando variantes dialectales por allá
dónde fuera.
Durante
muchos años, el latín fue considerado como la lengua ‘culta’ por toda Europa,
incluso en los países donde se hablaban lenguas como el inglés o el alemán, y
ya que se contaba con un gran registro escrito y oral de esta lengua, el latín
funciona como origen de muchas palabras que utilizamos hoy en día. Existen dos
tipos de palabras del latín que utilizamos en la actualidad:
-
Las
palabras patrimoniales son aquellas
que se han transmitido de manera oral y que, por lo tanto sufren cambios
derivados de su evolución morfofonética.
-
Las
palabras cultas o cultismos son
aquellas palabras que se toman directamente desde los registros escritos y se
adaptan morfológica y fonológicamente a la lengua de destino.
Existen
además, palabras que derivan de una misma palabra por la vía patrimonial y por
la cultural, por ejemplo, la palabra fuego
es una palabra patrimonial que deriva del latín FOCU, mientras que foco
también proviene de esa palabra, pero lo hace desde la vía culta. Otros
ejemplos son estrecho y estricto, las cuales provienen del latín
STRICTU.
Del latín
al español moderno.
El español
medieval, aunque ya tenía cambios importantes en comparación con el latín,
todavía se encontraba lejos de ser el español que conocemos hoy en día, y
aunque han sido muchos los cambios que podemos encontrar, los más relevantes
son dos:
-
La
pérdida de la /h/
Seguramente
en alguna ocasión te has preguntado ¿por qué harina lleva h? o hilo, o haba,
pues bien, esto es resultado de un cambio fonológico en estas y otras palabras
en la misma situación. Durante el medioevo, en el español se contaba con una
/h/ aspirada que hacía un sonido similar al de la /h/ en el inglés en palabras
como home o hello, sin embargo, este fonema desapareció del español con el paso
del tiempo, no así lo hizo su escritura, de forma que todavía escribimos harina
aunque pronunciemos /aɾína/. Como dato curioso, en el latín estas palabras no
se escriben con /h/, sino con /f/, de forma que en latín diríamos /faɾína/.
-
La
reestructuración del sistema de sibilantes.
Las
sibilantes, es decir, los sonidos parecidos a la /s/ fueron otro cambio
considerable en el español, pues durante el medioevo se distinguía entre una fricativa
sorda /s/ y una sonora /z/. Además, se tenía una africada sorda /ts/ y una
sonora /dz/, los cuales posteriormente se convirtieron en los sonidos de la /c/
y la /z/.
El paso
del tiempo cambió las cosas, las africadas perdieron su elemento oclusivo y se
perdió la distinción entre sordas y sonoras.
Los
sonidos tienden a cambiar con el tiempo, este fenómeno se da comúnmente por la
tendencia a relajar la articulación según la ‘Ley del Mínimo Esfuerzo’, de
manera que algunos fonemas cambian para que la pronunciación consuma la menor
cantidad de energía posible.
Durante el
medioevo cada escritor escribía de la forma que quería sin que a nadie le
importara, sin embargo, entre 1252 y 1284 existió un hombre que le dio
uniformidad a la escritura castellana y permitió que la evolución de la lengua
se realizara de una manera más simple. Se trató del rey Alfonso X, conocido
como ‘El Sabio’, apodo al que le hizo justicia.
Alfonso X
promovió la producción de libros de todas las áreas del conocimiento y ordenó
la traducción de las obras al castellano, lengua en la que él mismo llegó a
escribir obras y poemas. Desde obras jurídicas hasta textos literarios y
científicos, Alfonso X quería que todo el conocimiento fuera escrito de manera
uniforme y comprensible, por lo que durante su reinado se tradujeron al
castellano textos desde el latín y el árabe, pero este último tuvo grandes
repercusiones en la lengua, pues muchos de los términos utilizados en los
textos técnicos no tenían una traducción propia, por lo que se traspasaron sin
cambios, dándonos palabras como alquimia,
álgebra, algoritmo y cero.
Para
facilitar la comprensión de los textos, Alfonso X estableció una gramática que
continuó utilizándose hasta el siglo XVI, época en la que se inventó la
imprenta y con la que se pudo fijar una nueva serie de reglas ortográficas que
se deshacían de los problemas de la gramática de Alfonso X.
En el
siglo XVIII se funda la Real Academia Española, y con ella aparecen también una
nueva gramática y diccionarios.
Pero el
español no había dejado de evolucionar en ese entonces. Ya hemos hablado sobre
la influencia de las lenguas indoeuropeas sobre el español, pero nuestro idioma
ha sido influenciado también por otro tipo de lenguas. Fue en 1492 cuando los
europeos llegaron por primera vez a América, un continente en el que ya
existían varias lenguas prehispánicas y que le aportaron elementos léxicos al
español, comenzando con los préstamos culturales, es decir, la introducción de
términos nuevos que los europeos no conocían hasta entonces, aquí tenemos
palabras como pavo, jaguar, canoa, aguacate o chicle.
El español
ha pasado por una gran evolución desde que se desprendió del latín, y sin
embargo, todavía tiene un largo camino por delante.
Bibliografía:
(6th ed.)
Hualde, J. I., Olarrea, A., & Escobar, A. M. (2001). Introducción a la
lingüística hispánica. Cambridge, UK: Cambridge University Press.

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