Como vimos en algunas de las primeras sesiones, los niños son capaces de aprender su lengua materna de manera orgánica y a una velocidad incomparable, sin embargo, al crecer se pierde esta facilidad para adquirir una segunda lengua (L2) e incluso se vuelve imposible alcanzar el mismo nivel que tiene un hablante nativo. Bajo estas líneas aprenderemos sobre el proceso de adquisición de una L2, las barreras que se suelen enfrentar y los estándares globales para su validación.
De acuerdo con estudios realizados durante las últimas décadas, la edad ideal para adquirir una segunda lengua es entre los 10 y los 16 años, etapa en la que aún no se supera el periodo crítico, y en la que los niños son capaces de comprender de manera eficaz algunas reglas gramaticales, además de adoptar el acento al estar en contacto con hablantes de la L2.
Pero adquirir una segunda lengua no es solo cuestión de someterse a clases para aprender la gramática o relacionarse con hablantes nativos, existen también los factores afectivos, los cuales influyen directamente en la eficacia de los estudios.
En la mayoría de los casos, los niños suelen ser mucho menos susceptibles a la vergüenza, por lo que los adolescentes suelen tener problemas para atreverse a hablar una segunda lenguas, ese miedo a equivocarse y a ser burlado por sus compañeros o incluso por su propio educador, lo pueden llevar a rechazar las actividades orales, y de ahí, derivar en un rechazo a la lengua, lo cual entorpecería su adquisición.
Otra cosa que suele desmotivar a los estudiantes de una segunda lengua es la falta de medios efectivos para su adquisición, si los manuales utilizados son aburridos o desagradables, o simplemente no logran conectar con el estudiante, su experiencia con el idioma se verá afectada. Lo mismo ocurre si tienen algún profesor que les genere experiencias negativas con el idioma o con su estudio. Un estudiante que no está motivado verá muy limitado su aprendizaje.
Por supuesto, uno de los aspectos más importantes a la hora de aprender una L2 es la motivación, es decir, aquello que impulsa al estudiante a adquirirla. Si la motivación es simplemente aprobar una materia o recibir un certificado para obtener un empleo, es probable que su motivación no sea muy alta. A estas situaciones las llamamos motivación instrumental, es decir, se busca adquirir una lengua para poder utilizarla como un instrumento con un propósito específico. Por el contrario, tenemos la motivación de integración, en la cual el estudiante tiene un deseo genuino de adquirir la lengua. Se ha demostrado que los estudiantes con una motivación de integración adquieren una L2 con más facilidad que aquellos que tienen una motivación instrumental.
Cuando una persona comienza a estudiar una L2 ocurre un fenómeno de lo más interesante llamado Interlengua, el cual se refiere a una serie de errores gramaticales que el estudiante comete, pero que los hablantes nativos no cometen nunca cuando están aprendiendo su lengua materna.
Tomemos por ejemplo a un hablante nativo hispano que está adquiriendo el inglés como L2. Para él una frase aceptable podría ser "she name is María" (ella nombre es maría). Este error en el que se emplea el pronombre "she" (ella) en lugar del posesivo "her" (su[f]) es uno que los hablantes nativos de inglés no cometen (ni adultos ni niños que lo aprenden como L1), pero tampoco se basa en una estructura propia del español. Se trata entonces de un fenómeno de interlengua, posiblemente relacionado con la falta de conocimientos de la L2 y su gramática.
Cabe mencionar que la interlengua, si bien forma parte del proceso de adquisición de una L2, supone el riesgo de una fosilización, es decir, de que el estudiante conserve esos errores gramaticales y sintácticos y paralice su aprendizaje.
Marco Común Europeo de Referencia (MCER)
Dejando de lado la motivación y el proceso de aprendizaje, cuando un estudiante está adquiriendo una L2 es necesario que cuente con una forma de medir su progreso y de comprender en qué posición se encuentra, y aunque durante décadas cada país o región tenía su propia manera de medir el progreso de los estudiantes, el Consejo de Europa publicó a finales del siglo XX el Marco Común Europeo de Referencia para lenguas: aprendizaje, enseñanza y evaluación (MCER), un estándar utilizado actualmente en casi todo el mundo para medir el nivel de dominio de una lengua.
El MCER establece tres niveles, cada uno de ellos con dos subniveles, los cuales sirven para determinar qué tanto es que el estudiante puede utilizar el idioma que está adquiriendo.
Los tres niveles son básico (A), intermedio (B) y avanzado (C), los cuales se dividen en A1, A2, B1, B2, C1 y C2, siendo C2 el nivel más alto y el que más se acerca al de un hablante nativo, en muchas ocasiones incluso siendo mejor en cuestiones gramaticales y comprensivas que el nativo promedio.
- En el nivel A1 (Acceso) el estudiante es capaz de comprender y utilizar expresiones cotidianas de uso frecuente. Tiempo para dominarlo: 60-85 horas.
- En el nivel A2 (Plataforma) el estudiante puede procesar información sencilla y directa, pudiendo mantener una pequeña conversación simple. Tiempo para dominarlo: A1+160-174 horas.
- En el nivel B1 (Umbral) el estudiante puede expresarse de una manera limitada y tratar información no rutinaria. Tiempo para dominarlo: A2+160-175 horas.
- En el nivel B2 (Intermedio Avanzado) el estudiante puede hablar de manera fluida con hablantes nativos y expresarse en una variedad de temas. Tiempo para dominarlo: B1+240-255 horas.
- En el nivel C1 (Operativo Eficaz) el estudiante es capaz de modular su registro y adaptarse a temas desconocidos. Tiempo para su dominio: B2+160-175 horas.
- En el nivel C2 (Maestría) el individuo puede investigar y escribir sus resultados y conclusiones en la L2, no tiene problemas para leer, escuchar o hablar con otras personas y puede lidiar con temas especializados. Tiempo para su dominio: C1+160-175 horas.
Como podemos ver, la adquisición de una L2 hasta su dominio no es cosa sencilla, de hecho, requiere de cientos de horas de estudio en el mejor de los casos, y si a eso sumamos valores afectivos, la predisposición de los estudiantes y su motivación, no es de extrañar que algunas personas estudien por años una lengua extranjera en la escuela y sean incapaces de decir lo más básico en ella.
Bibliografía:
- (tercera ed.) Yule, G. (2013). El lenguaje. AKAL, Madrid, España.
- sin autor (---) El marco común europeo de referencia, Exam English, extraído de Exam English

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