Una de las características más importantes de las ciencias sociales es su capacidad de interdisciplinariedad, es decir, su capacidad de trabajar en conjunto con otras disciplinas, y en el caso de la lingüística, los especialistas pueden desarrollarse en diferentes ámbitos, pero uno de los más llamativos –gracias en parte a la televisión- es el de la lingüística forense.
La
lingüística se dedica a la investigación del lenguaje, y desde una perspectiva
forense, es a través de la lingüística que podemos estudiar los sonidos del
habla, la escritura, las palabras, la morfología, el discurso, los aspectos
sociolingüísticos, el plagio y la elaboración de perfiles de autoría [1].
Estos
elementos, si bien hoy en día representan información importante a la hora de
determinar la culpabilidad o inocencia de un acusado en la corte, no eran
reconocidos como evidencia sustancial sino hasta hace apenas unos cuantos años,
y sin embargo, en ese breve periodo de tiempo la lingüística forense logró
crecer y especializarse en cuatro grandes áreas descritas por Malcolm
Coulthard, Alison Johnson y David Wright en su obra 'An Introduction to Forensic Linguistics. Language in Evidence' (2016):
la atribución de la autoría, el plagio, el papel del testigo como experto y
finalmente el tema que más nos importa en este ensayo, la fonética forense.
En
palabras de los autores antes mencionados, la fonética forense es aquella
dedicada a la elaboración de un ‘pasaporte vocal’ o perfil lingüístico, el
reconocimiento de voces por parte de testigos, la autentificación de
grabaciones, la determinación del contenido de grabaciones y el reconocimiento
de locutores [2].
Por
su parte, John Olsson nos dice en su libro 'Forensic
Linguistics: An introduction to Language, Crime and the Law', que la
fonética forense es "el uso de técnicas fonéticas primariamente en el
análisis de la voz aplicadas a investigaciones criminales. Incluye técnicas de
comparación de voz, reconocimiento de voz, transcripción de lenguaje hablado,
incluyendo la transcripción de declaraciones disputadas, mejora de señales del
lenguaje y la autenticación de grabaciones”[3].
Tal
y como podemos ver por las definiciones mostradas, la fonética forense se
dedica al estudio de la voz dentro del campo jurídico para determinar la
veracidad de una grabación o la identificación de una persona en una grabación,
y para lograr esto se hace uso de varias herramientas, aunque posiblemente la
más famosa sea el oscilograma, esas
ondas de sonido que crecen cuando los sonidos son muy agudos o se encogen si son
muy graves. Son los más comunes porque son lo que solemos ver en la televisión
o incluso en nuestros reproductores de música, y a pesar de lo cotidianos que
son, no muchas personas se detienen a pensar en toda la información que estas
‘ondas’ nos revelan.
Lo
que estas curvas representan es la amplitud del sonido a lo largo del tiempo,
lo cual nos da una idea sobre el volumen o la intensidad. Además, nos permite
conocer algunos patrones del habla del locutor, conocer sus muletillas,
trastornos del lenguaje, problemas de articulación y demás características
específicas.
Los
oscilogramas nos dan mucha información sobre la persona, pero cuando éste se
trabaja en conjunto con el espectrograma (otra herramienta útil para la
fonética forense) se vuelve posible descubrir rasgos únicos de la voz, por
ejemplo, si la voz es tensa, apretada o
suave, si las cuerdas vocales cierran completamente o si existe un temblor en
la voz, además de la identificación de rasgos dialectales, lo cual puede llevar
a los peritos a una identificación más precisa de un sujeto.
Como
ya hemos mencionado, la fonética forense tiene una gran cantidad de áreas de
uso, comenzando por la creación de perfiles lingüísticos con lo cual se puede
reconocer a una persona por su huella personal al hablar o la autenticación de
material audiovisual, sin embargo, existen grandes problemas a la hora de
utilizar la fonética forense con este fin, pues existen muchas formas de
distorsionar la voz del hablante, desde cosas tan simples como el uso de
pañuelos para cubrir la boca hasta el de software especializado que altera la
voz. También está el problema de que un material de mala calidad difícilmente
proveerá información útil para el lingüista.
Afortunadamente,
existen centros especializados que se dedican al estudio y divulgación de la
Fonética Forense, uno de ellos es The
International Association for Forensic Phonetics and Acoustics (IAFPA) una
organización que busca funcionar como un foro para investigadores de la
fonética forense, en donde pueden intercambiar ideas e información sobre la
práctica, desarrollo e investigación de la Fonética Forense.
Dentro
de la Universidad de Zurich se encuentra el Centre
for Forensic Phonetics and Acoustics (CFPA), un centro interdisciplinario
en el que se estudia la fonética forense con el apoyo de especialistas médicos
y psicológicos, así como físicos e ingenieros. La finalidad de este centro es
la de investigar qué tan individuales son realmente las voces, cómo varía la
voz entre individuos y cómo hace el ser humano para reconocer voces, entre
otras interrogantes.
En
Reino Unido también existe un lugar dedicado a la investigación y divulgación
de técnicas y teorías de fonética forense: el Aston Institute for Forensic Linguistics, donde no solo se dedican
a investigar el tema, sino que imparten clases, cursos y talleres especializándose
en interacciones orales en contextos legales, análisis forense de textos y
análisis del discurso forense.
Bibliografía:
[1] Ramirez
Salado, M. Research Gate. Antecedentes de la lingüística forense: ¿desde cuándo
se estudia el lenguaje como evidencia? Enero de 2017. [En línea] <https://www.researchgate.net/publication/322639799_Antecedentes_de_la_linguistica_forense_desde_cuando_se_estudia_el_lenguaje_como_evidencia>
Consultado el 11 de octubre de 2020.
[2] Coulthard, M. Johnson, A.
Wtight, D. An Introduction to Forensic Linguistics: Language in Evidence. 2016.
Routledge
[3] Olsson, J. Forensic Linguistics:
An Introduction to Language, Crime, and the Law. 2004. A&C Black

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